Sunday, September 17, 2006


Expresa el Noal "firme apoyo" a pueblo y gobierno de Bolivia

a) Denuncia el presidente Evo Morales a grupos de su país que "quieren seguir siendo parásitos"
b) Fuerzas externas buscan desintegrar la nación y amenazan su democracia, afirma el mandatario
c) Demandan "solución aceptable" entre Marruecos y la República Arabe Saharaui Democrática
d) Respaldan también el derecho de Irán a desarrollar un programa de energía nuclear

El presidente de Bolivia, Evo Morales, obtuvo este sábado un triunfo diplomático al recibir el apoyo de los países no alineados a su gobierno, "en momentos en que fuerzas externas pretenden desintegrar el país y poner en peligro su democracia".

La decimocuarta conferencia cumbre del Movimiento de Países no Alineados (Noal) concluyó este sábado con acuerdos de consenso que incluyen respaldar "de manera decidida y expresa al pueblo y al gobierno de Bolivia".
Morales habló al plenario de jefes de Estado y de gobierno esta tarde para agradecer el apoyo y reseñar su gestión, de la cual expresó que sólo puede entenderse como resultado de un movimiento popular.

"Gracias a ese pueblo estoy aquí con ustedes", afirmó. Añadió que en su país hay "resistencia de algunos grupos" que "quieren seguir siendo parásitos" y cuentan con "cooperantes externos".

Un párrafo de la declaración final del encuentro manifestó el "firme apoyo" del Noal "al proceso en curso en la República de Bolivia, dirigido a garantizar que toda la población disfrute de una participación real y efectiva en los asuntos del país, sin ningún tipo de exclusión o discriminación, así como a lograr el ejercicio de la soberanía plena sobre sus recursos naturales, en beneficio de todos los bolivianos".

El canciller cubano, Felipe Pérez Roque, informó a la prensa que asistieron a la cumbre 56 jefes de Estado o de gobierno miembros del movimiento.

Los mandatarios trabajaron en "un clima de unidad y cohesión sin precedente", para lograr "consensos incluso en los temas más delicados y controversiales", abundó.

La reunión de cancilleres concluyó en la noche del viernes los proyectos de acuerdos que fueron presentados a la sesión final de la cumbre el sábado, señaló el ministro de Relaciones Exteriores. Añadió que las coincidencias permitirán "relanzar" el movimiento y que entre los no alineados "habrá un antes y un después" de esta cumbre.

Respaldo y petición a Irán

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, logró un significativo espaldarazo del Noal a su reclamo de que sea respetado el derecho de su país a desarrollar un programa de energía nuclear con fines pacíficos, aunque el pronunciamiento que suscribieron los mandatarios, luego de un largo forcejeo, puso igual énfasis en un exhorto para que Teherán siga cooperando "con carácter urgente y de manera activa" con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). En su discurso central, el mandatario iraní había hecho una dura crítica al uso político de este instrumento verificador.

La declaración final, suscrita por los 118 países miembros, sostiene: "se deben respetar las decisiones que asuman los estados respecto del uso de la tecnología nuclear y sus políticas sobre el ciclo del combustible nuclear" y, en un obvio éxito de Teherán, enfatizó: "no debe existir presión o injerencia indebida en las actividades del organismo que ponga en peligro la eficiencia y credibilidad" de la AIEA.

Los mandatarios también "tomaron nota" de la valoración del director de organismo, que afirmó que el material nuclear declarado por Irán ya fue contabilizado, y "observaron" finalmente que el proceso para determinar que no existen materiales y actividades que Irán no haya declarado a esta agencia, como acusa Estados Unidos a priori, "es un proceso en curso y prolongado".

Con este aval, Ahmadinejad viajará a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), donde continuará el debate en otro contexto. Pero antes hará escala en Caracas. Este domingo el mandatario iraní acompañará de regreso a su país al presidente venezolano, Hugo Chávez, uno de los principales abogados de la causa iraní en esta cumbre.

Sin embargo, no fue el tema de Irán, con el cual Estados Unidos ha escalado su nivel de confrontación, el que costó el cabildeo más largo y complejo, sino el asunto de la República Arabe Saharaui Democrática (RASD) y el reconocimiento a su derecho a la autodeterminación.

La delegación de Marruecos, encabezada por el primer ministro Driss Jettou, se resistió a la demanda de una pequeña delegación del Frente Polisario que intentó que el Noal reconociera explícitamente su soberanía.
Al final, la declaración se pronunció por respaldar la gestión de la ONU y su enviado especial para "encontrar una solución aceptable" en el contexto de las resoluciones del organismo, que contemplan la realización de un referéndum para que los saharauies decidan sobre su pertenencia al reino marroquí.

Rabat ha obstaculizado este proceso de sufragio, lo que mantiene congelado desde hace cuatro años el proceso de negociación sobre los territorios de la RASD en poder de Marruecos.

No hay modelo único de democracia

Entre los acuerdos del Noal estuvo la formulación del concepto de "democracia", que polemiza con la noción comúnmente aceptada en Occidente.

El movimiento reconoció que "la democracia es un valor universal, basado en la voluntad del pueblo libremente expresada, de determinar su propio régimen político, económico, social y cultural y en su plena participación en todos los aspectos de su vida.

"Si bien todas las democracias tienen características comunes", los jefes de Estado y de gobierno convinieron en que "no hay un modelo único de democracia y que ésta no es patrimonio de país o región alguna".

En contraste, en la misma resolución los mandatarios "reafirmaron además la necesidad de respetar debidamente la soberanía y el derecho a la libre determinación. Expresaron su convicción de que la cooperación internacional para promover la democracia, partiendo de los respetos a los principios refrendados en la Carta de Naciones Unidas, así como los principios de transparencia, imparcialidad, no selectividad y participación, puede contribuir a alcanzar el objetivo de consolidar la democracia" a escalas nacional e internacional.

En un comentario al texto, Pérez Roque expresó que, de esa forma, "los no alineados no comulgan con la tesis de que las guerras preventivas, las cárceles secretas, los vuelos ilegales, la invasión de países y los cambios de régimen son el camino hacia la democracia".

Contra bloqueo a Cuba

La reunión también aprobó los conocidos proyectos de acuerdo contra el bloqueo estadunidense a Cuba, de apoyo al gobierno de Venezuela y de condena al terrorismo en todas sus formas, entre otros temas.

Aunque estaban listas las conclusiones de la cumbre, al cierre de esta edición seguía el desfile de oradores del debate general, a la espera de la sesión de clausura, que se perfilaba para las últimas horas de este sábado.

Saturday, September 16, 2006

La gran mentira y las alternativas de un México democrático


La gran mentira y las alternativas de un México democrático
Pablo González Casanova, Gilberto López y Rivas y Luis Hernández Navarro

Es indudable que México ha sido víctima de una elección fraudulenta que tiene el respaldo abierto de las grandes potencias encabezadas por Estados Unidos. Bajo la responsabilidad directa de Vicente Fox, ex gerente de Coca Cola; del gobierno que encabeza con antiguos empleados de compañías trasnacionales; del Partido Acción Nacional, controlado por quienes han traicionado sus propios proyectos de democratización; apoyado por los grandes patrones, los medios electrónicos y la gran prensa de México y el extranjero, el poder dominante ha impuesto como verdad la gran mentira de que Felipe Calderón -otro hombre de negocios público-privados- "triunfó" (mentira) en unas "elecciones transparentes" (mentira), que se niega a reconocer un líder "populista" (mentira), que "debería respetar las reglas de la democracia, y que por ambiciones personales no lo hace" (sarta de mentiras), el cual cuenta con el apoyo de "grupos de alborotadores que quieren imponer su voluntad sobre la de la mayoría, a los que alienta una "izquierda anticuada" que no corresponde a lo que (según ellos) debería ser "la izquierda moderna", y a quienes en realidad encabeza una plebe que ignora lo que es la democracia y la ciudadanía (sarta de mentiras de "segundo orden" en que se pretende "representar" lo que el depredador está usurpando).

En realidad, la gran mentira sobre los resultados electorales de 2006 oculta el proyecto de saqueo del petróleo y otros recursos naturales; la privatización de la electricidad y los servicios de salud y seguridad social, así como un nuevo aumento a la carga impositiva que pesa sobre la población de escasos recursos y sobre los pobres de México.

La gran mentira es parte de un proyecto de conquista y colonización del mundo, en que a las murallas de Jerusalén se añaden otras, como las que está construyendo el gobierno de Estados Unidos en más 3 mil kilómetros de la frontera con México. Esa muralla no sólo se construye tras el saqueo a que fue sometida la República Mexicana por Estados Unidos con el llamado Tratado de Libre Comercio de América del Norte; es también un claro indicador de las medidas complementarias con que la mismas fuerzas piensan ahora empobrecer todavía más al país y arrebatarle el resto del capital nacional y social que genera empleos.

La inmensa muralla que levanta Estados Unidos en la frontera con México corresponde a la decisión de reprimir "a como dé lugar" ("as necessary") a los millones y millones de mexicanos y mexicanas sin trabajo que pretendan salir de la ratonera de inseguridad, insalubridad, analfabetismo y miseria en que muy bien saben que van a convertir a México, como "efecto lateral" del gran saqueo y represión que ya anuncia el presidente electo por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en discursos dizque "institucionales", "conciliadores" y "democráticos" que, como primera opción, parecen partidarios de un "saqueo legal y pacífico".

La gran mentira entraña también declarar una "guerra justa" al pueblo de México y a una ciudadanía que ha dado muestras de combatividad y creatividad ejemplares.

México, como ya ha ocurrido antes en su historia, está realizando una aportación notable a la historia universal. Hoy, el pueblo se encuentra en un proceso de redefinición de la democracia electoral. Al defender el voto como lo hace, bajo el clamor de "Sufragio efectivo y no imposición", lucha contra la democracia enajenada y por rescatar el poder del pueblo y la ciudadanía, que desde hace tanto tiempo detentan las mafias de las antiguas y nuevas oligarquías.

El pueblo mexicano también lucha (entre contradicciones) por estructurar su propio poder en formas no autoritarias, ni populistas ni totalitarias, y con profundo sentido democrático, nacional y de justicia social.
El voto, en un país de ciudadanos cuya inmensa mayoría está constituida por pobres y muy pobres, y por empobrecidos cada vez más numerosos, entraña un significado de libertad y justicia.


El voto, en un país de pobres no puede elegir -y no eligió- a un abierto representante de las mafias político-económicas del gran capital y las potencias imperialistas, que ayer como hoy atacan al pueblo y la ciudadanía de México desde Estados Unidos, España y Francia.

En las elecciones de 2006, Andrés Manuel López Obrador, para millones de mexicanos, ofrece una esperanza nacional y social frente a la abierta y agresiva amenaza de quien antes de llegar a la Presidencia usurpada, como Felipe Calderón, ya prometía entregar todo lo que él y los suyos no han podido malvender de México a las megaempresas imperiales y sus asociados y subordinados locales.

No cabe la menor duda de que el voto de la ciudadanía fue favorable a Andrés Manuel López Obrador. Defender su triunfo ha sido tarea de un pueblo pobre, de una ciudadanía de pobres apoyados por inmensos sectores de las clases medias empobrecidas, todos animados por los valores de la libertad, la justicia y la soberanía.

Las protestas y manifestaciones contra el fraude están redefiniendo el proyecto de Nación por miles y millones de habitantes.

Protestas y manifestaciones han puesto al orden del día la necesidad de llevar a la práctica una revolución democrática y pacífica que, partiendo de una democracia auténticamente representativa, se fortalezca con una democracia participativa y con una democracia de autonomías, cuya articulación permita organizarse desde los gobiernos locales hasta el nacional, con posibilidad de ampliaciones regionales y universales, objetivos que desde el siglo XIX hasta nuestros días se han planteado los pueblos mestizos e indígenas de México y América Latina y sus grandes líderes, desde Hidalgo, Bolívar y San Martín.

El nuevo movimiento ha redefinido la lucha. En su profundización, Andrés Manuel López Obrador ha mostrado innegable capacidad de liderazgo, que le ha permitido seguir las demandas del pueblo y de la ciudadanía. Tomarlas en cuenta para encauzar los nuevos pasos requiere una organización ciudadana que mantenga su autonomía y señale el rumbo del proceso.

En medio de contradicciones que un movimiento tan amplio entraña, el conjunto del actual proceso histórico revela, día a día, la creciente presencia del pueblo pobre y de las fuerzas progresistas y revolucionarias de México. De la resistencia muchos son los que han pasado a planteamientos que renuevan los grandes episodios de la historia nacional, desde la lucha de Benito Juárez contra los "imperialistas" y "retrógrados" de su tiempo, pasando por las de los revolucionarios que en Aguascalientes convocaron a una Convención Constituyente con las fuerzas de los más pobres entre los pobres, hasta las luchas representadas por la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO).

La historia se recrea, no se repite. En su recreación hace suyas las luchas del movimiento más avanzado de los pueblos de México, la de los pueblos indios encabezados en gran medida por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), hoy también organizados en el Congreso Nacional Indígena (CNI). Que los zapatistas busquen mantener la autonomía de su movimiento merece gran respeto. No los mueven razones o sentimientos mezquinos, y quienes así lo creen están muy equivocados. Desde las luchas por la Independencia de este país, en l810, todos los movimientos populares han convocado a los indios a la hora de las batallas y los han traicionado u olvidado a la hora de los triunfos. Los zapatistas de ayer y de hoy han vivido en su propia vida y en la de sus hijos el amargo sabor de la traición. Comprender y respetar su decisión de seguir su marcha -que es la nuestra- es una obligación fundamental, mínima, para la formación de un bloque histórico en México.

Hacer que las promesas de hoy se cumplan hoy, al iniciar los trabajos de la Convención Nacional Democrática (CND), no sólo consiste en formularlas verbalmente o en convocar a los pueblos indios a que participen. Consiste en el compromiso práctico de darles un lugar de mando en todas las decisiones nacionales, en demostrarles día a día que no se negocia con ellos para cooptarlos, que se asume con ellos la necesidad de incluirlos en las grandes decisiones con todos los pueblos y ciudadanos de México. Significa poner en práctica los acuerdos de San Andrés y reconocer el esfuerzo de unidad y representatividad del Congreso Nacional Indígena. Debemos respetar nosotros los acuerdos de San Andrés para que los respeten los demás. Precisar que son producto del consenso y la consulta amplia y representativa.

Los suscritos -adherentes de la otra campaña- consideramos que el EZLN ha planteado una nueva lucha desde lo local hasta lo global, al iniciar el nuevo movimiento por la autonomía de los pueblos indios, y por su articulación con los pobres entre los pobres, en un proyecto profundo anticapitalista. Ha hecho ver, con razón, que en más 500 años de desarrollo, ese modo de dominación y acumulación, movido por la lógica de las utilidades y el enriquecimiento personal o corporativo, siempre y en todas partes ha subdesarrollado un mundo periférico, marginado, excluido, superexplotado, hoy en gran parte sujeto a políticas de exterminio y saqueo.

Plantear desde ahora la necesidad de construir un sistema alternativo anticapitalista no debe ocultarnos, sin embargo, lo que está al orden del día en las luchas del pueblo mexicano y de muchos pueblos del mundo: construir con la democracia de las autonomías y de la dignidad una verdadera democracia de los pueblos, con los pueblos y para los pueblos, que ponga como uno de sus objetivos centrales la inclusión de los trabajadores organizados y no organizados, formales e informales, manuales e intelectuales en la toma de decisiones, así como el respeto a las distintas religiones, ideologías, civilizaciones, identidades, para una política en que las contradicciones en el interior del movimiento lleven cada vez más a la práctica de la libertad y de la justicia con respeto a los demás, y con un programa que incluya expresamente los principios no negociables.

Saber unirnos en medio de la diversidad es nuestro gran reto personal y colectivo. Lograr en la convención la unidad en la diversidad será su primer logro para el triunfo.

Calderón y Salinas


Calderón y Salinas
Por José Gil Olmos
La elección del pasado 2 de julio tendrá la mancha de la sospecha a pesar de todos los esfuerzos que hagan las autoridades electorales y gubernamentales por lavar su propia imagen.

Todo ha abonado a que esta sospecha crezca y a que el triunfo de Felipe Calderón no sea tomado como una victoria legítima, sino como un arribo al poder de manera espuria, es decir, falsa y fraudulenta. Por eso en la historia, la victoria que se le da a Calderón podrá ser comparada con la elección de 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari le arrebató con un fraude el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas.

La petición denegada del IFE al recuento de los votos solicitada por Andrés Manuel López, la legitimación del triunfo de Calderón por parte del Tribunal Electoral, rechazando las pruebas de intervención del presidente Vicente Fox y los empresarios más poderosos del país, y la ultima decisión del IFE de rechazar la petición de Proceso y un grupo de ciudadanos para acceder a la revisión de las boletas electorales, son los tres principales elementos que hacen crecer la sospecha de que el triunfo del PAN no es legítimo.

Esta percepción no sólo la comparten los adversarios de Calderón, también entre muchos de los ciudadanos que le dieron su voto está la sensación de que algo no está bien en el triunfo del michoacano. Los defensores del ahora presidente electo no aguantan el cuestionamiento de por qué no se acepta el recuento de los votos o la revisión de las boletas electorales y al final admiten de manera incómoda que esto únicamente alimenta la sospechas del fraude.

El riesgo para la gobernabilidad que provoca esta situación para el próximo presidente es más que evidente. Cómo confiar en un personaje que llega a ocupar la máxima autoridad gubernamental, cargado de recelos sociales y de suspicacias políticas. El riesgo es que Calderón vaya a tratar de imitar a Salinas, quien ante la ilegitimidad de su triunfo actuó con la mano dura en contra de sus adversarios y de esa manera obtener la credibilidad social.

Pero Calderón no puede compararse con Salinas. La inteligencia de este último no la tiene el panista, tampoco sus alcances políticos, su preparación intelectual (doctorado en economía en Harvard) ni la concepción en el uso del poder del Estado. Menos se pueden comparar los equipos de uno y otro, es como tratar de equiparar a niños de párvulos con políticos de carrera.

Tal vez en lo único que se puedan comparar es en el despotismo con que ambos se conducen, aunque con una disparidad importante: Salinas era un político de estrategias, fue uno de los constructores del proyecto económico neoliberal, un hombre con una idea clara del ejercicio del poder del Estado, aunque muchas de las veces perversa. Mientras que a Calderón le faltan las ideas, no tiene la historia de un político de alturas, y no ha dejado ninguna huella que se recuerde en los puestos legislativos y gubernamentales por donde ha pasado.

Además, también a diferencia de Salinas, no se le ve fuerza como líder dentro de su propio partido, ya que Manuel Espino, el líder nacional del PAN, ha demostrado tener mayor pesos y tener intereses propios tanto al interior del partido como en el Congreso legislativo. Esto es, no se observa que haya una empatía entre el PAN y el gobierno de Calderón y, sin partido, un presidente no tiene la base natural para su administración.

Ante la ausencia de logros políticos y en medio de una circunstancia adversa por el descrédito de las elecciones, no se descarta que Calderón quiera repetir las formas con las que Salinas se legitimó hace 18 años: un “quinazo” con los hijos de Marta Sahagún, una inversión descomunal en programas sociales para hacerse de la simpatía de los sectores más desprotegidos, el arranque de una campaña de imagen en los medios, el lanzamiento de un paquete de propuestas de reformas constitucionales y el apropiamiento de la presidencia partidista.

Sin embargo se corre el riesgo del fracaso, porque ni Calderón es Salinas, ni las circunstancias de 1988 y el 2006 son las mismas, y tampoco enfrentan en la izquierda al mismo opositor: López Obrador no es “institucional” como lo fue Cuauhtémoc Cárdenas, y el tabasqueño está en víspera de organizar un gran movimiento nacional de oposición al gobierno de derecha del PAN.

Binvenido a Foxilandia

Foxilandia
Por Gerardo Albarrán de Alba *

Bienvenidos a Foxilandia, el país en marcha y en paz que asegura el presidente le dejará a su sucesor, mientras la violencia política en Oaxaca secuestra la paz social durante 115 días de manifestaciones que al principio eran por reivindicaciones sindicales y muy pronto devinieron en tomas de edificios públicos y estaciones de radio privadas, policías que acribillan a balazos los plantones y matan a seis personas, turbas que lo mismo arman barricadas incendiando autobuses o casi linchan a empleados públicos, y misteriosas guerrillas que aparecen y desaparecen de la noche a la mañana sembrando zozobra, ahora en demanda de que renuncie o destituyan al gobernador priista Ulises Ruiz que se aferra a un poder que no puede ejercer.

Bienvenidos al país del no pasa nada que presume el presidente ante la prensa extranjera, donde el crimen organizado ha ejecutado a más de mil personas en lo que va solamente de este año con una saña inaudita, como el comando que irrumpió en una discoteca de Uruapan y arrojó a la pista de baile las cabezas de cinco personas decapitadas en un ajuste de cuentas, o las otras dos cabezas que hace meses clavaron en picas a las puertas de la estación de policía de Acapulco en venganza por un operativo, o la docena de granadas de mano que han hecho estallar en varios cuarteles policiacos de esa misma ciudad en el último semestre, o las fosas con decenas de cadáveres con rastros de tortura que lo mismo aparecen en ciudades fronterizas con Estados Unidos que en el centro del país, o los asesinatos de media docena de directores de corporaciones policiacas en varios estados y hasta de un juez federal que negó la libertad a un narcotraficante, o el misterioso estrangulamiento del hermano del expresidente Carlos Salinas de Gortari, o los extraños atentados contra dos funcionarios públicos del sector financiero acribillados en plena calle de la capital federal la semana pasada, o los recurrentes enfrentamientos a tiros entre bandas fuertemente armadas, ya comunes en Baja California, Quintana Roo, Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán, Sonora, Sinaloa, Guerrero…

Bienvenidos al país del surrealista equilibrio macroeconómico y la estabilidad financiera que alaba el Banco Mundial, pero que expulsa a 400 mil personas al año que migran hacia Estados Unidos en busca de los trabajos que aquí no encuentran, parte de los 40 millones de personas que sobreviven por debajo de la línea de la pobreza (la mitad, en la miseria extrema), y cuyas remesas –casi al nivel de las exportaciones petroleras– son las que verdaderamente sostienen la economía nacional, porque ese dinero sí llega a la gente.

Bienvenidos al país de las libertades pregonadas de dientes para afuera, donde el poder político se presta a cancelar al Canal 40 para entregárselo a TV Azteca, y modifica las leyes que regulan las concesiones públicas al antojo de los intereses de Televisa; donde la esposa del presidente demanda por daño moral a Proceso por publicar un documento escrito por ella misma como adelanto de un libro para el que abrió su vida privada pensando que sería una novela rosa, pero que en realidad la desnuda; y donde han sido asesinados 22 periodistas en lo que va del sexenio (la mitad, sólo en los últimos dos años) y otros dos fueron secuestrados hace meses y siguen desaparecidos, sin que nadie haya sido juzgado por estos crímenes.

Bienvenidos al país que se ufana de los demócratas de ocasión y las oportunidades para los que menos tienen, donde primero se privatiza impunemente la esperanza y luego se desata el encono social –si no mediante el fraude electoral, sí desde el ilegítimo avasallamiento desde el poder–, para que después venga el más rancio conservadurismo social, empresarial y político a demandar que el gobierno mande al Ejército y a la policía a que les parta ya toda su puta madre a esa pinche bola de nacos, indios muertos de hambre y desarrapados que bloqueó sus negocios y sus paseos por Reforma, el centro y el Zócalo capitalino durante mes y medio. (Y no soy yo quien dramatiza la vulgaridad, se lo escuché durante 48 días a gente común en los modernos centros comerciales, restaurantes, bares y cafeterías, que ahora celebran a medias haber recuperado por las buenas sus espacios cool.)Bienvenidos a un país que se pudre, carcomido por la ingobernabilidad, sin que nadie que pueda pretendiera hacer algo para evitarlo. ¡Carajo!

---* Gerardo Albarrán de Alba es coordinador de proyectos académicos de la revista Proceso. (Contacto: albarran@proceso.com.mx)

Thursday, September 14, 2006

Noal: contrapeso a la sinrazón

Noal: contrapeso a la sinrazón

En la 14 Cumbre de los Países No Alineados (Noal) que se lleva a cabo en La Habana, Cuba, se ha dado muestra de la vigencia, la pertinencia y la necesidad, en el mundo contemporáneo, de ese foro que agrupa a 114 países en vías de desarrollo.

No está de más recordar que el Movimiento de los No Alineados fue fundado en un contexto internacional muy diferente al actual, cuando las relaciones planetarias estaban dominadas por la tensión entre las dos superpotencias que emergieron de la Segunda Guerra Mundial ­Estados Unidos y la Unión Soviética­ y los dos bloques geopolíticos articulados en torno a ellas. Para las naciones menos poderosas no resultaba fácil, en ese entorno, eludir una afiliación casi forzosa en uno de los dos grandes polos del poder mundial, mantener una política independiente, poner en práctica un modelo económico propio o ejercer la soberanía sin interferencias derivadas de los intereses estratégicos puestos en juego en el contexto de la guerra fría.

El colapso del bloque mundial que tenía su epicentro en Moscú y de las organizaciones que lo encarnaban ­el Pacto de Varsovia, el Consejo de Ayuda Mutua Económica, la propia Unión Soviética­ significó, así fuera por mera pérdida de referentes, una crisis en el Movimiento de los No Alineados, crisis que se profundizó con la primera guerra emprendida por las potencias occidentales contra Irak y por el ensayo subsiguiente de establecer un "nuevo orden mundial", unipolar, neoliberal y formalmente democrático.

Muy pronto, sin embargo, se puso de manifiesto la incapacidad del capitalismo occidental triunfante para resolver los problemas más acuciantes de la mayor parte de la humanidad: deuda externa, estancamiento, desempleo y crisis recurrentes, en lo económico; pobreza, marginación, insalubridad, falta de educación y vivienda, en lo social, y persistencia de regímenes antidemocráticos, cuando no atrozmente dictatoriales, en lo político, así como la continuidad de buena parte de los añejos conflictos regionales y surgimiento de otros. Con la extinción del "socialismo real" y la imposición plena del llamado Consenso de Washington a buena parte del planeta, tales problemas no sólo no se resolvieron sino que, en muchos casos, se profundizaron y se hicieron más explosivos. Para colmo, la concentración de poderío político, militar, diplomático y económico en un solo país multiplicó y materializó las agresiones militares contra estados débiles.

En ese nuevo entorno ­el actual­, el Movimiento de los No Alineados constituye un factor fundamental de contrapeso a las desmedidas ambiciones imperiales de Estados Unidos y Europa occidental. Es significativo y alentador que el proyecto de declaración de la cumbre de La Habana rechace, uno por uno, los designios agresivos e injerencistas impulsados por el gobierno estadunidense contra una multitud de países: la República Islámica de Irán, Siria, Venezuela, Corea del Norte, Venezuela y la propia Cuba, y que rechace las bárbaras agresiones militares perpetradas por el régimen de Tel Aviv, en sintonía con Washington, contra los pueblos palestino y libanés.

En un entorno internacional en el que la "guerra contra el terrorismo" estadunidense pareciera contar con el respaldo de casi todo el mundo, es reconfortante constatar que 115 países ­las dos terceras partes de los integrantes de las Naciones Unidas­ se disponen a deslindarse de esa cruzada inmoral y genocida, y a desarticular el entramado ideológico que la sustenta: el terrorismo es condenable, señala el proyecto de declaración, "venga de donde venga" ­de los aparatos militares estadunidense e israelí, por ejemplo­, pero no es equiparable a "la legítima lucha de los pueblos bajo dominio colonial u ocupación extranjera", lo que reivindica a los movimientos de resistencia nacional que se enfrentan, en Afganistán e Irak, a los invasores estadunidenses y británicos. Por otra parte, el documento critica el engendro totalitario denominado "guerra preventiva" con el que el gobierno de George W. Bush ha buscado otorgar cobertura moral a sus guerras de saqueo y dominación en Medio Oriente y Asia central.

Finalmente, por lo que hace al país anfitrión, el encuentro de La Habana ha mostrado que el régimen cubano mantiene, en ausencia de Fidel Castro, apartado del poder por problemas de salud, plena capacidad de convocatoria y organización, un dato que debiera enfriar las prisas de la Casa Blanca por empezar a operar en la isla una "transición" que sería, en realidad, el regreso de Cuba a una oprobiosa circunstancia de sometimiento y dependencia.

Editorial de "La Jornada"
Jueves 14 de septiembre de 2006

Guía para delinquir impunemente

Guía para delinquir impunemente
Por Alvaro Delgado

El dictamen aprobado por los siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), el martes 5, es una pieza fascinante: constituye un catálogo muy recomendable para ejercer la ilegalidad y mantenerse impune. Es, también, una guía de buenos modales en las contiendas por un cargo de elección popular: ante embates de mentiras procede, nada más, poner la otra mejilla. Establece, además, que la búsqueda del voto no es una actividad para pobres: si alguien no cuenta con dinero o relaciones que lo doten de él, está condenado a la derrota. Quien incursione, de ahora en adelante, en una contienda electoral debe diseñar también, aun desde antes del inicio formal de la misma, una estrategia de acopio de pruebas porque, según los nuevos criterios del TEPJF, ya existe la certeza de que habrá fraude y debe probarlo a plenitud… o aguantarse.

Queda autorizada la intervención directa de autoridades de los tres niveles de gobierno, y de cualquier poder, en los procesos electorales y la contratación de tiempos en radio y televisión, cualquiera sea su monto e independientemente del patrocinio de organismos civiles o empresas mercantiles, siempre y cuando tal intervención no sea determinante para el resultado final.

Antes de esta extraordinaria sentencia del TEPJF --que por supuesto es definitiva e inatacable conforme a la Constitución-- estaban prohibidas las conductas descritas anteriormente. Ya no: sin mucha creatividad es posible incursionar en las anchas avenidas de la impunidad y, claro, conquistar o retener el poder político. Han quedado hechos trizas, de facto, los artículos constitucionales 33, que prohíbe a los extranjeros “inmiscuirse de ninguna manera en asuntos políticos del país”, y 9, que ordena que “solamente los ciudadanos de la República” pueden asociarse “para tomar parte en los asuntos políticos de país”. Los asesores extranjeros, que son ya insumo indispensable en las campañas, pueden trabajar a sus anchas.

Por decisión de los siete magistrados del TEPJF, seis de los cuales concluyen su lapso como autoridades --aunque ya tienen garantizada su pertenencia a la dorada alta burocracia--, los ciudadanos no tienen derecho a saber en qué sustentan sus decisiones, una opacidad igual que la del Instituto Federal Electoral (IFE).“El derecho a la información será garantizado por el Estado”, que establece el artículo 6 de la Constitución, en el ámbito electoral, está proscrito, porque las boletas electorales, a juicio de la burocracia del IFE, no son documentos y por tanto no caben en los supuestos de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

La fiscalía especializada de la Procuraduría General de la República tampoco es una instancia a la que los ciudadanos --ya no digamos los partidos o candidatos-- pueden recurrir para denunciar conductas ilícitas. Todo se vale. Ni modo. Hay que consagrarse a la simulación y al cinismo.

Esas son las lecciones de la sentencia de los siete magistrados del TEPJF que legalizaron el triunfo de Felipe Calderón y que rubrican un operativo de Estado que sólo los impostores, por ignorancia o interés faccioso, pueden ser capaces de justificar.

Para todos existe un premio. En el caso de los siete magistrados del TEPJF, las anchas avenidas de la alta burocracia --la dorada, que contrasta notablemente con la del grueso del personal-- están abiertas para ellos una vez cumplida su tarea. Uno de ellos, Alejandro Luna Ramos, para empezar será presidente de ese órgano jurisdiccional, que con un año en el cargo se convierte en decano y, por tanto, ostentará esa posición tan envidiable frente a los otros seis que serán propuestos por la SCJN y aprobados por dos terceras partes del Senado.Otro, con toda seguridad, será ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: lo más seguro es que sea Leonel Castillo, el presidente, aunque también aspira a esa posición Alfonsina Navarro quien, junto con Mauro Miguel Reyes Zapata, elaboró el dictamen aprobado por el pleno.

En el Consejo de la Judicatura Federal (CJF) hay tres espacios, que serían cualquiera de los tres mencionados o José de Jesús Orozco. Y los dos restantes también tienen planes: a Fernando Ojesto, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, le interesa ser director de la Facultad de Derecho, y Eloy Fuentes pretende ser presidente del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila.

De manera que los seis tienen futuro al cabo de cumplir una década con un salario mensual, acumulado, de casi 400 mil pesos. A esto se debe añadir el “bono de marcha”, un premio que se dan por decisión de ellos mismos, semejante al que se dieron los nueve consejeros del IFE y que fue de 404 mil 867 pesos. Nomás eso faltaba.

Apuntes

El gozo va más allá de Vicente Fox, Felipe Calderón y toda la camarilla del Partido Acción Nacional (PAN), esa clase política que ha sido muy competente para la estafa. Los magnates que patrocinan al Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y los membretes de la Organización Nacional del Yunque, de manera notable el Centro de Liderazgo y Desarrollo Humano (Celiderh), ya diseñan el plan de gobierno y una de cuyas acciones inminentes es la aplicación, sin atenuantes, de la ley bajo la pantalla de que México exige paz y concordia. Llegó, con otro nombre, la disolución social. Igual que la mano tendida de Gustavo Díaz Ordaz…

No: el problema sigue siendo muy hondo y no se resuelve con la apabullante propaganda.

Dale pa´tras papaaaa!!!


“Dale pa’ tras, papá”
Por Jenaro Villamil

Si la picaresca política nacional no se agotó con Carlos Ahumada y su colección de videos incriminatorios, ahora tenemos una auténtica veta en los audioescándalos que vuelven a circular en torno al empresario poblano, Kamel Nacif, catapultado por su famosa frase de íntima complicidad con el mandatario estatal priista Mario Marín, “mi góber precioso”.

Ahora, la nueva saga se inaugura con el coordinador de la bancada en el PRI en la Cámara de Diputados, Emilio Gamboa Patrón, a quien el gusto por la permanencia transexenal en el poder le puede durar tan poco como la orden que le recetó telefónicamente el rey de la mezclilla: “dale pa’ tras, papá”.

Con la nueva grabación difundida este martes, el sexenio del teleprompter y de los videoescándalos culmina con una herencia maldita para el calderonismo, que más tarda en armar sus débiles alianzas legitimadoras que en desarmarlas aparatosamente por los escándalos mediáticos.No es casual la elección de Emilio Gamboa Patrón como protagonista central de esta nueva filtración, surgida en los entretelones del aparato de escucha de algún grupo de poder o mafia circundante.

En realidad, responde al clásico método del ajuste de cuentas que no necesita eliminar físicamente al adversario. Basta con crearle un aparatoso escándalo mediático e informativo para exhibir las entrañas de la politiquería mexicana que ha llevado al país al borde de la crisis sistémica.Gamboa Patrón responde a esa generación de hombres encumbrados desde hace 25 años que confundió la “operación política” con la corrupción política; la gestión del interés público con el intercambio de favores, el tráfico de intereses y la simulación de las convicciones. Aún más, la valentía de la periodista Lydia Cacho al denunciar en Los demonios del edén el entramado del crimen organizado a partir de la pornografía y el abuso de menores en Cancún, apuntó desde un principio a que esto sólo era posible con este sistema de complicidades políticas, económicas y delictivas. El hecho determinante no es si la filtración que involucra a Gamboa responde a una “verdadera canallada” o a “golpes bajos”, como fue la inmediata reacción del exsecretario particular de Miguel de la Madrid, exsecretario de Estado del salinismo, exsubsecretario de Gobernación zedillista, exsenador ampliamente vinculado a Televisa y promotor de la doctrina “del político bisagra”.

Lo grave es si a esa generación de políticos, que tan bien representa Gamboa Patrón, se les puede dejar el delicado proceso de transformación de las instituciones, de reformas profundas del sistema político que ya no da para más y de conducción de las negociaciones en el Congreso de la Unión.

Lo único que queda claro en este proceso es que las mafias políticas, al igual que en el caso del narcotráfico y sus siniestros mensajes de descabezamiento en Michoacán, están en proceso de recomposición. Las venganzas serán el pan de cada día. Ya se agotó el estilo de hacer política a partir del poder del picaporte, del intercambio de favores a cambio de prebendas, de encubrimientos delictivos al amparo de la impunidad que dan los fueros.

Como le diría el señor Kamel Nacif a Gamboa Patrón, o le dan “pa’tras” o comenzará a surgir el clamor ciudadano que se escuchó en Argentina al calor de la crisis política más grave en el país sudamericano: “¡Que se vayan todos!”.

Saturday, September 09, 2006

El desdén de Felipe


El desdén de Felipe
Por Carlos Acosta Córdova

Mal empieza Felipe Calderón. De manera contradictoria, ya en su calidad de presidente electo, usa un discurso conciliatorio, de llamados al diálogo pero, al mismo tiempo, antepone el desdén, con cierto dejo autoritario, por quien fue su principal contrincante, Andrés Manuel López Obrador y, en general, hacia la segunda fuerza política del país.

En su primera conferencia de prensa ya con esa investidura, a la que por cierto llegó –en la llamada “Oficina de Transición”-- con evidentes muestras de fastidio, el panista se mostró, por decirlo suave, imprudente, y de paso dejó entrever poca sinceridad en su insistente discurso en favor de la unidad y los acuerdos.

Luego de una breve introducción, dio paso a las preguntas de los reporteros. Y justo en la primera fue que se mostró como el Felipe de siempre, soberbio y desdeñoso. La pregunta fue directa: “Felipe: Andrés Manuel no te ha reconocido; Alejandro Encinas, tampoco. ¿Qué hacer ahora para poder negociar con una fuerza que, aparentemente, no te va a reconocer a lo largo de todo el sexenio? ¿Se puede gobernar así?”

Y cuando uno querría escuchar a un político congruente con su discurso público, a un político dispuesto a ganarse la confianza de la gran mayoría que no votó por él, a un político urgido de la credibilidad que no pudo darle el fallo del Tribunal Electoral, Felipe optó por una respuesta equivalente a un “me importa un comino que no me reconozcan”, o “me tiene sin cuidado lo que piensen otros”, o aun, de manera más coloquial, a un simple “me vale…”.

Respondió así de lacónico: “Quien decide quién es presidente electo de México es el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación… y el Tribunal ya lo ha hecho y eso es lo importante”.

Qué decepción. Independientemente de que no respondió el contenido y el fondo de la pregunta, ¿de veras puede Felipe desdeñar el peso político de López Obrador y su movimiento? ¿Puede hacer caso omiso de aspiraciones y anhelos de los millones de votantes que no sufragaron por él? Peor: ¿puede aspirar a los acuerdos que quiere, con esa actitud autoritaria, ajena a la concordia que se requiere en estos días? Con qué autoridad moral convoca “a todos los mexicanos, sin distingos”, a “construir juntos el proyecto de nación que queremos”.

Me parece que el problema es de estatura política y de una falta absoluta de sinceridad en sus llamados al diálogo. En la conferencia de prensa dio más muestras de que, en realidad, no le importa dialogar y llegar a acuerdos con sus adversarios más importantes. Aunque me temo que los medios no recogieron en su dimensión el fondo real de lo dicho por Calderón, y la prueba es que hoy ocuparon más espacios las notas que consignan las adhesiones y reconocimientos al recién nombrado presidente electo. Justo lo que quiere Calderón: sumar, en cantidad y no en calidad, para anular a su única oposición real.

También, en esa conferencia, Felipe dejó la impresión de que para él es suficiente y le basta con decir que siempre tiene la mano extendida y la puerta abierta al diálogo con todos los actores políticos. Si no se avanza, no es culpa de él. Son los otros los que no quieren acercarse, dialogar. Y que si no quieren hacerlo, no es problema suyo.

Antes de la sesión de preguntas y respuestas dijo: “Yo trabajaré permanentemente en franca disposición al diálogo; estaré abierto a ideas, a propuestas, a proyectos, a acuerdos. Estoy decidido a trabajar junto con el Congreso y con las fuerzas políticas que así quieran hacerlo, para engrandecer este país”. Otra vez: los que no quieran, que no lo hagan; es su problema.

No se ven allí argumentos de un político con aspiraciones de estadista, ni mucho menos de un hombre de Estado con la obligación de hacer más, de darlo todo, para lograr –dentro de la necesaria diversidad ideológica-- la unidad política que urge para el bien del país.

También se le olvidó a Felipe que ya no es candidato en campaña. Que ya es, por una decisión del Tribunal Electoral que no logró darle certidumbre al proceso y al resultado de las elecciones, el presidente electo del país. Cuidó las formas discursivas, pero no dejó de considerar a López Obrador como un irresponsable: “Hago votos para que los liderazgos políticos actúen con responsabilidad. La democracia requiere de demócratas y eso aplica para todos, para quienes ganan y para quienes pierden una elección”.

Otra muestra de que no le quita el sueño si hay o no diálogo con López Obrador, la dio al responder una pregunta sobre si hay tiempo suficiente para un acuerdo con el perredista en relación con el acto de toma de posesión el 1° de diciembre en la Cámara de Diputados, que quieren impedir los legisladores del PRD y el PT.

Dijo estar seguro de que el Congreso cumplirá con su responsabilidad de permitirle tomar posesión en tiempo y forma y en el espacio diseñado para ello. Insistió que él siempre tendrá la mano extendida y la puerta abierta para el diálogo con todos “y, desde luego, con quien fue mi principal contendiente en la campaña electoral”.

Pero, como digo, no le pesa gran cosa si no hay ese acercamiento: “Sin embargo –dijo--, el país tiene que seguir y México va a seguir adelante, México tiene que seguir trabajando y nosotros lo haremos también, independientemente de –lo lamento, desde luego-- la reiterada negativa al diálogo de parte del candidato de la coalición Por el Bien de Todos”.

Insistió: “Lo lamento porque cerrar las puertas al diálogo es cerrarle las puertas a México”.

La pregunta es: ¿qué más hará Felipe para inducir seriamente al diálogo con AMLO? No creo que sea suficiente con lamentarse de la negativa de aquél. ¿Dónde está el político, el negociador, el estadista que quiere ser?

Por si fuera poco, Calderón también dio una probadita de sus ya conocidas fobias hacia personajes internacionales. Más allá de lo anecdótico, lo que importa es resaltar sus descuidos y su imprudencia, que pueden complicar las relaciones de México con el exterior.

Le preguntaron: “¿No le preocupa que no lo hayan llamado para felicitarlo Hugo Chávez y Fidel Castro? Y él, soberbio, dijo: “No, honestamente no”.

Insisto: Empieza mal Felipe.

El retroceso


El retroceso
Por José Gil Olmos

El pasado proceso electoral ha dejado la sensación de que las principales instituciones políticas, electorales y judiciales del país sufrieron un grave retroceso por su actuación durante las elecciones.

Certeza, legalidad, transparencia y confianza son las exigencias que no cumplieron las instituciones encargadas de organizar la elección, pues a lo largo de la campaña fue evidente la ilegalidad en que incurrieron la presidencia de la República, empresarios y hasta la Iglesia católica haciendo proselitismo a favor de Felipe Calderón.

Al final del proceso electoral ni una sola de las actuales instituciones se salva de la crítica por su desempeño realizado antes, durante y después de las campañas electorales. Su descrédito social es más que evidente.

Los partidos perdieron credibilidad, las instituciones judiciales certeza, la Presidencia de la República confianza y las autoridades electorales transparencia.

La crisis en la que nos sume esta elección, en la que resultó triunfante de manera sospechosa Felipe Calderón, es tan profunda que tardará tiempo en salir de ella.Hace seis años, cuando ganó Vicente Fox, las expectativas sociales de un cambio político, social y económico en el país, eran muchas. Pero desde su primer año de gobierno, el ranchero guanajuatense dio señales de un fracaso predestinado por una incapacidad de gobernar manifiesta.

Fox nunca intentó cambiar las estructuras de poder con las que gobernó el PRI por siete décadas. Dejó intacto el sistema corporativo de sindicatos, sobre todo el de los maestros, dirigido por Elba Esther Gordillo, a la postre su principal socia política.

Tampoco tocó la ley electoral con tal de aprovecharse de ella en el momento más propició, y no movió un dedo para tapar los hoyos legales por donde se escapa la corrupción gubernamental e, incluso, fue permisible para que se aprovecharan de ellos los hijos de su esposa Marta Sahagún, hoy los nuevos ricos del foxismo.

Fox perdonó los crímenes del pasado e indultó políticamente a los principales culpables de la guerra sucia de los setenta, sobre todo al expresidente Luis Echeverría Alvarez.

También dejó libre al personaje que, para muchos mexicanos, reencarna la corrupción política, Raúl Salinas de Gortari, pues no obstante que existían pruebas de su enriquecimiento inexplicable no hizo nada para mantenerlo detrás de las rejas. Y en su sexenio salieron libres otros personajes empalmados con la corrupción, como Ángel Isidoro “El Divino”, Gerardo de Prevosin, Carlos Cabal Peniche, Jorge Lankenau y Oscar Espinosa Villarreal.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación fue otra de las instituciones que perdió credibilidad, sobre todo cuando los magistrados aprobaron el anatocismo que no es otra cosa que la usura de los bancos hasta entonces prohibida por la ley. Bajo la mirada complaciente de los jueces, los bancos pudieron cobrar los intereses que, sobre intereses, venían generando miles de ciudadanos afectados por el crack de 1995-1996.

La Procuraduría General de la República tampoco cumplió con las esperanzas ciudadanas, y junto con la nueva Secretaria de Seguridad Pública, mostró su porosidad a la corrupción cuando “El Chapo” Guzmán salio de la cárcel de alta seguridad de Puente Grande ¡en un carrito de comida!

El Instituto Federal Electoral, que tanto trabajo costó para su creación como instancia ciudadana apartidista destinada a organizar los procesos electorales con transparencia y confianza, fue echada a perder por los actuales consejeros, presididos por Luis Carlos Ugalde. Todos los consejeros fueron elegidos en una negociación entre Elba Esther Gordillo y el panista Germán Martínez, de tal manera que sus intereses estaban supeditados más a los partidos políticos o a los personajes que a los del propio instituto electoral. Su actuación en el tiempo de campaña dejó mucho que desear, sobre todo en la permisividad a la intervención del presidente Vicente Fox y de los empresarios apoyando a Felipe Calderón.

Mientras, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, la última instancia en la que se tenía una esperanza para enderezar el proceso electoral, dictaminó su sentencia desdeñando lo que la mayoría vio en las pantallas de televisión: la intervención del poder presidencial y empresarial. Aunque reconoció que habían participado ilegalmente, poniendo en “peligro” el desarrollo de la competencia, al final los magistrados dijeron que no habían incidido en el resultado final. De esta manera convalidaron la ilegalidad, pues en futuras elecciones cualquier poder gubernamental o empresarial podrá violar la ley e intervenir directamente en el desarrollo de las elecciones, pues sabrán que no habrá castigo alguno.

La desconfianza alcanzó también a los medios, sobre todo a algunos como Televisa, la mayoría de las estaciones de radio, y periódicos como Reforma que jugaron un papel de voceros del candidato presidencial del PAN, en lugar de informar imparcialmente.

El vacío que genera la desconfianza institucional producida por el gobierno de Fox y la elección que gana Calderón, es profundo. Pronto veremos el pago que tendrán que hacer el michoacano por las alianzas que hizo con los gobernadores del PRI, con la maestra Elba Esther Gordillo, con los empresarios más fuertes –entre ellos Televisa—y, sobre todo, con los representantes de la derecha más conservadora del país.

De ese tamaño será el retroceso; ese será el precio de su victoria.

El peso de la ingobernabilidad


El peso de la ingobernabilidad
Por Gerardo Albarrán de Alba *

México parece encaminarse por la misma ruta que en enero de 2000 le costó la Presidencia de Ecuador a Jamil Muhamad; o la de Argentina, a Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001; o la de Bolivia, a Javier Sánchez Lozada, en octubre de 2003. Las movilizaciones y la presión popular en estos países derrumbaron a mandatarios democráticamente electos y parecieron interrumpir procesos de normalización institucional construidos durante las últimas dos décadas en Latinoamérica, pero vistos con más atención eran todo lo contrario: fueron expresiones sociales de reclamo por la profundización de la democracia.

En nuestro país, ahora, la movilización provocada por la sospecha latente de fraude electoral amenaza con impedir que el nuevo presidente siquiera tome posesión del cargo el próximo 1 de diciembre, y aun si el panista Felipe Calderón lograra colocarse la banda presidencial y rendir protesta ante el Congreso de la Unión –cuya representación eventualmente podría reducirse sólo al presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, facultado para ungirlo presidente constitucional hasta escondidos en un baño–, no pocos prevén ya que difícilmente podría terminar su mandato de seis años al frente del Poder Ejecutivo federal.

Así, mientras otros países latinoamericanos padecen crisis de gobernabilidad, en México la ingobernabilidad parece evidenciar una crisis de democracia como régimen político. Aquí sí están en duda las instituciones democráticas, porque fueron éstas las que sometieron un proceso político de transición a intereses mezquinos, al extremo de recurrir burdamente a las peores expresiones del autoritarismo que, en lugar de sepultarlas, las expropiaron para mantenerse en el poder al menos otro sexenio.

La Presidencia de la República, el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación eran los responsables directos –aunque con diverso alcance– de garantizar la normalidad democrática en la primera sucesión en la era post-priista. Ninguna de estas instituciones estuvo a la altura. El presidente Vicente Fox utilizó hasta la obsesión todos los recursos a su alcance –la mayoría ilegales–, pero no para apoyar al candidato de su partido –que nunca fue el suyo–, sino para impedir que llegara al poder Andrés Manuel López Obrador, ese dirigente populista de centro-izquierda que amenazaba al corporativo en que Fox convirtió al gobierno de la República, y que cooptó al Consejo Ciudadano del IFE –en contubernio con el PAN y con el PRI–, sometiéndolo a las directrices de intereses ajenos a la transparencia, legalidad, imparcialidad y certidumbre que debían cumplir.

Y el Tribunal Electoral optó por un formalismo jurídico que, en lugar de despejar las dudas sobre el fraude electoral, extendió un certificado de impunidad a los excesos e ilegalidades del poder político y del poder económico para éste y para futuros comicios.

De los partidos políticos, poco que agregar a su desprestigio. Es cierto que el PRD compitió con reglas de juego que obligaban a todos porque debían servir para la toma de decisiones colectiva y la resolución de conflictos, pero también es cierto que esas reglas –que no son otra cosa que las propias instituciones– fueron aplicadas en su contra. Esto no justifica los errores de campaña cometidos por la coalición Por el Bien de Todos y su candidato –incluyendo la falta de previsión para documentar el fraude que hoy denuncian, si es que lo hubo–, ensoberbecidos por una victoria que daban por cierta desde antes de someterse al escrutinio ciudadano del voto, pero explica el encono que alimenta su protesta. El PAN y el PRI renovaron el espíritu de las concertacesiones y se reparten canonjías.

En suma, el país está inmerso en la mayor crisis de gobernabilidad de los últimos 40 años, sin asideros institucionales operables y con un tejido social en descomposición.

Existen actores estratégicos en México con la capacidad –es decir, con los recursos de poder suficientes para obstruir el funcionamiento de las instituciones– y que operan con la intención real de socavar la gobernabilidad del país, que se pretendía democrática, y estamos viendo que no lo es, pues no se rige por valores democráticos. Durante décadas, México tuvo gobernabilidad, pero no democracia, y funcionó a fuerza del autoritarismo presidencialista que caracterizó a los 72 años de gobiernos de la Revolución institucionalizada.

Ahora tiene una parodia de democracia, y se le acabó la gobernabilidad, pues los partidos y las instituciones se disputan el poder basados en el clientelismo y el patrimonialismo, no en valores democráticos; los conflictos se trasladaron a las calles –como en Oaxaca y en el Distrito Federal– al carecer de un eficaz marco necesario para su resolución, y el crimen organizado se disputa como botín un país que precisamente dejó de lado la construcción institucional que garantizara mínimamente el equilibrio social, empleos bien remunerados, justicia imparcial y seguridad para todos.

En tanto, la ciudadanía no cree que ninguna de sus instituciones políticas pueda satisfacer sus demandas y, sobre todo, sus necesidades, y eso se expresa en la división electoral en tres tercios casi iguales: los que votaron por un cambio real en las relaciones de poder político, económico y social, representado por López Obrador; los que votaron por que nada cambiara –que fue el único terreno que el gatopardismo de Fox verdaderamente le abonó a Calderóny el resto, que desperdició su voto en las inercias autoritarias que representa el PRI y sus desprendimientos o en las franquicias políticas que no tienen una razón programática para existir, sino que se disputan una parte del presupuesto para medrar.

Tienen razón quienes dicen que López Obrador en realidad no mandó al diablo a las instituciones, porque las instituciones ya se habían ido al diablo desde mucho antes, incapaces de contener y procesar pacíficamente los conflictos.

México se convulsiona por mucho más que un mero drama republicano. La movilización poselectoral en la Ciudad de México, la violencia de la crisis política y social en Oaxaca, las ejecuciones diarias por todo el país –cada vez más brutales–, el desprestigio de los partidos políticos y la desconfianza ciudadana en las instituciones fundamentales del país, ponen en tela de juicio todo el equilibrio institucional de nuestro sistema político y evidencian la urgencia de un nuevo pacto social que nos permita construir de una buena vez el modelo de gobernabilidad democrática que nos permita construir un proyecto común.La disputa, por el momento, no es hacia dónde se dirigirá ese nuevo pacto, sino desde dónde.

* Gerardo Albarrán de Alba, coordinador de proyectos académicos de la revista Proceso. ( albarran@proceso.com.mx)

Sunday, August 27, 2006

Un aliado con la cloca


Un aliado con la cloaca
Por Alvaro Delgado

Felipe Calderón se asume como custodio de la tradición doctrinaria del Partido Acción Nacional (PAN) que, hace casi siete décadas, se fundó para oponerse al régimen que dio origen al PRI con sus denominaciones previas, y por eso le pregunté personalmente, el lunes 14 de agosto, cuál es el sustento ideológico y programático para respaldar la candidatura de un priista.

La pregunta a Calderón no tenía otro propósito que saber la posición de un prominente miembro del PAN que, hasta hace pocos años, repugnó las prácticas del partido de Estado y se propuso instaurar en México la legalidad y la moralidad, mediante principios que está impresos en sus documentos --“la política es eminentemente ética”, es uno de ellos--, y porque las acciones y decisiones de los partidos políticos, en tanto entidades de interés público, conciernen a todos los mexicanos.

Pero el candidato del PAN, quien exhibe una irritación cada vez más acentuada, fue esquivo. Pequeño hasta para asumir una posición que le concierne como militante y como candidato presidencial, se zafó de la responsabilidad y la atribuyó por completo a su jefe Manuel Espino: “Es una decisión a la cual estuve ajeno, como es mi intención, desde luego, mantenerme ajeno a decisiones que son estricta y netamente partidistas.”

Al día siguiente, poco antes de viajar a Chiapas a instruir a los panistas a votar por el priista José Antonio Aguilar, le pregunté a Espino, también personalmente, las razones para apoyar, por primera vez en 67 años, a un candidato del PRI, “esa cloaca”, como la llamó Manuel Gómez Morín, el fundador del PAN, quien hasta su muerte apostó por la postulación de candidatos propios, “aunque sea para perder”.

A diferencia de Calderón, Espino no se escabulló y reveló con desparpajo el pacto con la dirigencia nacional del PRI, que en Chiapas implicó que uno de los candidatos declinaría a favor del que tuviera mejor respaldo la víspera de la jornada electoral. “No hay un impedimento ideológico, pero tampoco hay un fundamento ideológico para esta suma de voluntades”, explicó.

--¿Quiere decir que las conversaciones con el PRI, particularmente con la dirigencia nacional, se produjeron desde hace ya varias semanas, esperando cómo se perfilaban los candidatos? --le pregunté.

--Así es --respondió.

--Manuel Gómez Moría decía, cuando todavía existía el Partido de la Revolución Mexicana, contra el que nació el PAN, que nunca el PAN se aliaría con “esa cloaca”, aun cuando sus candidatos estuviesen condenados a la derrota. ¿Esto ya quedó en la historia?

--Me parece que la afirmación de don Manuel era plenamente vigente en ese momento, para esa circunstancia nacional, para ese Partido de la Revolución Mexicana, que también ha evolucionado. Hoy seguramente don Manuel reconocería que en el PRI hay mexicanos que valdría la pena abrirles las puertas en el PAN. Aquí lo importante es ir a los principios, no aplicar una tesis que fue vigente en su momento a la realidad tan diferente de hoy.

No extraña esta respuesta de Espino, hombre ayuno de ideas e ignorante de la historia del partido que preside, salvo que exista --claro-- algún panista que refute, con hechos, la lucidez de su pensamiento y que sea del calibre, ya no digamos al de Gómez Morín o de Adolfo Cristlieb Ibarrola, sino --para acercarnos a estos tiempos-- al del propio Calderón.

Dudo que alguien en el PAN salga en defensa de Espino, ni siquiera sus propios cofrades de El Yunque, entre otras cosas porque el panismo de hoy --incluyendo a Calderón, Vicente Fox y sus acólitos-- está envilecido y cegado para sustentar, con base en su doctrina, pactos con las mafias del país, las mismas en las que el priismo basaba su hegemonía y que sólo mudaron de siglas.

Por eso, más allá de Chiapas, el régimen exhibe sus fauces y piensa que con represión --defendida con enjundia por sus jilgueros en el grueso de los medios de comunicación-- podrá imponer y mantener a Calderón como el nuevo empleado de las mafias trasnacionales, nacionales, regionales y locales, que ven a la República como reino y a los mexicanos como súbditos.

Ya no hay espacio para tanta porquería: Carlos Ahumada, elevado a condición de héroe, histeriza a sus portavoces oficiosos y exhibe a sus patrocinadores que tejen, ahora ellos, un complot desde la decrépita dictadura cubana y el eje La Habana-Venezuela-México para lastimar nuestra “joven democracia”.

Espino se regodea porque un priista de segunda, empleado a su vez de otro empleado, el gobernador Mario Marín, le llama “jefe” en una conversación para transferir dinero para comprar Chiapas, donde súbitamente otro gobernador, Pablo Salazar, se transforma en “traidor” y monta una “elección de Estado”, que unos días antes los panistas juraban que ya no existía en México.

Las escuadras paramilitares de extrema derecha en todo el país, adiestradas por El Yunque y los Tecos, blanden las armas para enfrentar a los “renegados”, condición a la que Fox redujo a los mexicanos que no asimilan la propaganda que busca encubrir su extendida corrupción.

El ministro-presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mariano Azuela, emprende una cruzada contra la Constitución, uno de cuyos artículos, a su juicio, es “anacrónico” y de peor manufactura lingüística, una conducta que, de venir de los “renegados”, implicaría dinamitar las instituciones.

Comandos de Estados Unidos capturan a uno de los Arellano en territorio mexicano y la soberanía queda intacta, según decreta la monumental abyección de Fox, el mismo que, el 13 de noviembre de 1999, declamaba en su toma de protesta como candidato una perorata de “despierta, México”:

“Recordemos que México es nuestro, que un pedacito de México nos pertenece a cada uno de nosotros… México no es pobre. Es un país empobrecido. Si la política económica y la política social hubiesen sido otras, hoy no tendríamos ni la desocupación ni la pobreza que tenemos.

“Si el gobierno hubiera sido honesto, si no se hubiera cruzado de brazos, si no se hubiera asociado con los delincuentes, hoy no tendríamos ni la corrupción ni la inseguridad ni la impunidad que tenemos…Qué razón tenía Manuel Clouthier: ‘Sólo los ingenuos y los cómplices pueden encubrir semejante desastre’.”

Y se comprometió que sería el presidente “que garantice el desarrollo humano”; que “devuelva la seguridad de los mexicanos”; que “acabe con la corrupción”; que encabece un “gobierno ligero, pero fuerte y eficiente”; que “haga posible un nuevo acuerdo nacional”… en fin, “voy a ser un presidente que hable con la verdad y cumpla con sus promesas.”

En suma: “Yo, Vicente Fox, empeño mi palabra de mexicano libre y honesto. La empeño ante la nación y ante la historia, de que pondré todo mi esfuerzo por ganar nuestro futuro, sin límite ni reticencia alguna, con amor entrañable y verdadera pasión.”

Tanta fetidez, hace seis años y hoy, sólo concita una cosa: asco.

Ahumada, las contradicciones de Televisa.


Ahumada, las contradicciones de Televisa
Por Jenaro Villamil


Pocos minutos después que la periodista Carmen Aristegui presentara en su noticiario de la estación WRadio un fragmento de 11 minutos de grabación del empresario Carlos Ahumada, interrogado durante su cautiverio en La Habana, los altos mandos de Televisa, especialmente Bernardo Gómez y Emilio Azcárraga Jean, decidieron que el nuevo documento videográfico “no aporta nada nuevo” al escándalo de los sobornos que realizó Ahumada y que la misma televisora desató en marzo de 2004 durante el programa de “Brozo”.

No sólo eso. Se quejaron por la falta de “lealtad” de Carmen Aristegui, en estos momentos la conductora más importante, influyente y profesional en medios electrónicos. Para quienes están acostumbrados a tener lectores de ‘teleprompter’ y no periodistas bajo sus órdenes, era una afrenta que Aristegui no les hubiera avisado antes de transmitir los videos. Al parecer, el asunto los tomó por sorpresa y descolocados. Televisa es propietaria del 51% de la XEW, pero el consorcio español Prisa, dueño del periódico El País y de decenas de estaciones radiofónicas, posee 49% de las acciones y es el responsable de la calidad y los contenidos periodísticos de los informativos.

La primera gran contradicción de Televisa fue que, ante una exclusiva periodística en una de sus propias estaciones, haya decidido invisibilizarla o minimizarla. En los noticiarios nocturnos de Canal 2 y Canal 4 no transmitieron completo el video, simplemente hicieron una síntesis de lo que para ellos era importante, por supuesto sin hacer mención de que Santiago Creel probablemente gestionó ante ellos la transmisión de los videos.

Sin embargo, más allá de esta actitud tan propia de la vieja herencia de autocensura en Televisa, el video fue un descontón para el consorcio por las siguientes razones:

1. En boca del propio Ahumada –su villano favorito durante una temporada-- Televisa queda perfectamente engarzada en la conjura o el complot que el gobierno de Vicente Fox decidió emprender en 2004 contra el entonces jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador.

Por supuesto, no se necesitaba que Ahumada lo declarara para que esto se diera como una verdad en la opinión pública. Lo que sorprende una vez más es que Televisa, en abono a su falta de credibilidad, finja demencia y pretenda hacer creer que los intereses del consorcio no estaban en juego en esta trama.

2. El video sí aporta elementos informativos nuevos. La deuda o fraude por 30 millones de dólares que Ahumada revela como causa de su animadversión hacia el gobierno de López Obrador, constituye uno de los datos más reveladores. Junto con ello, se desentraña la transacción para que el gobierno federal –a través del senador panista Diego Fernández de Cevallos, tan proclive a lo que elegantemente se conoce como tráfico de influencias o coyotaje-- le comprara un terreno valuado en 3 millones de dólares junto a un estadio de futbol en León Guanajuato. Extorsionador de siempre, el propio Ahumada se queja en el video de que nunca le resolvieron sus “peticiones”, a pesar que entregó los videos.

3. El fragmento revela que no fue un acto de justicia ni una denuncia, sino una clara maquinaria de compra-venta de favores políticos lo que se puso en operación en los videoescándalos. Si Televisa se prestó a esta operación tan grotesca y ambiciosa, por lo menos se esperaba de este consorcio una actitud más periodística.

En el contexto de la crisis postelectoral, el nuevo video de Ahumada ya tiene múltiples interpretaciones y especulaciones. Se dice que es una estrategia del gobierno cubano para influir en la próxima administración, sea quien sea el presidente de la República. Se menciona el elemento de la venganza contra el gobierno de Vicente Fox, que inmortalizó su animadversión hacia Fidel Castro con la frase “comes y te vas”. Incluso, se especula que del propio círculo de Felipe Calderón pudo haber surgido el video para deslindarse de Fernández de Cevallos y cerrarle el paso a las ambiciones de Santiago Creel como un posible presidente interino.

Todas estas versiones forman parte de la ‘rumorología’ mexicana. El hecho es que al tratar de minimizar este testimonio de Ahumada, Televisa se coloca en el centro del efecto boomerang que tendrá este video. La ruta de la teleguerra sucia que se inauguró en México en marzo de 2004, no ha concluido y generará nuevas sorpresas.

¡Tengan su Ucrania!


¡Tengan su Ucrania!
Por Miguel Ángel Granados Chapa.

Los logros de la coalición obedecerán a sus propias capacidades para caracterizar de modo adecuado el momento y el entorno en que actúa y para fijar metas y fijar tácticas y estrategias para llegar a ellas.

En 1948 se produjo en Cuba el primer relevo pacífico del poder entre civiles: el opositor Carlos Prío Socarrás sucedió tras su triunfo en las urnas a Ramón Grau San Martín. La breve fracción panista en la Cámara de Diputados, la primera en su historia, evocó ese hecho anhelando que un suceso semejante ocurriera en México. El diputado Fernando Amilpa, el número dos de la CTM, después de Fidel Velázquez, rechazó autoritario y burlón esa pretensión: con un gesto procaz (el dorso de la mano derecha cuyo dedo medio se erguía fálicamente golpeando la palma de la izquierda) espetó a los panistas: ¡Tengan su Cuba!.

Casi 60 años después, y ante otra invocación a un ejemplo extranjero, ahora son panistas, transformados de apóstoles de la democracia en abusivos detentadores del poder, los que se aprestan a exclamar ¡Tengan su Ucrania! a quienes recuerdan cómo la revolución naranja -es decir la resistencia civil pacífica- logró en diciembre de 2004 que se revirtiera el fraude electoral en aquel país, el segundo en importancia después de Rusia entre los que formaron la Unión Soviética.

En efecto, no obstante el crudo invierno, durante 18 días una asamblea permanente de miles de personas vestidas de ese color y enarbolando banderas naranja, sesionó en la plaza Independencia de Kiev, bajo centenares de carpas, y mantuvo la exigencia de que nuevos comicios permitieran a los ucranianos elegir libremente a su tercer presidente de la República, tras la disgregación de la URSS.

Habían concluido las dos vueltas establecidas legalmente. En la primera había triunfado Víctor Yushchenko, el candidato opositor, pero en la segunda se impuso Víctor Yanukóvich, el candidato del gobierno, cuya cabeza el presidente Leonid Kuchma estaba sometido a un intenso escrutinio público por su corrupción.

Forzadas nuevas elecciones por la sostenida protesta civil, Yushchenko pudo vencer no sólo a su contrincante sino derrotar también el empecinamiento en impedirle que llegara a la Presidencia, esfuerzo que incluyó un envenenamiento que no lo mató pero le deformó la cara.

La gana de contar con un ejemplo vencedor, que estimule su propia práctica, puede llevar a los resistentes que apoyan a Andrés Manuel López Obrador a olvidar o no enterarse de que la victoria final del opositor ucraniano fue producida ciertamente por un impetuoso movimiento civil, pero también porque así convino a los intereses de Washington y Bruselas.Estados Unidos y la Unión europea, en efecto, buscaron un cambio de régimen, menos cercano y aun hostil a Rusia. Los dos Víctores, por lo demás, encarnaban una lucha entre sectores de la oligarquía ucraniana emergente tras el surgimiento del nuevo país, ambos tocados por los intereses de las mafias que controlan buena parte de la vida económica, política y social en los países de la ex Unión Soviética. Estados Unidos ha sido pródigo en ayuda financiera a Ucrania.

"Pero esa ayuda está supeditada a una evolución política del país conforme a los planes de la Casa Blanca -escribió en medio de aquellos episodios Anne Marie Mergier-. En la crisis política actual el deseo claramente expresado por Washington es que Víctor Yushchenko acceda a la presidencia.

"De hecho, el primer personaje en denunciar fraudes masivos durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales fue Richard G. Lugar, presidente republicano de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado estadunidense, al que George W. Bush despachó a Kiev para 'observar' esos comicios."

Colin Powell (entonces secretario de Estado) no se quedó atrás: de inmediato también condenó las elecciones por fraudulentas. Más inquietante aun para los políticos ucranianos apoyados por Putin -Leonid Kuchma, presidente saliente, Víctor Yanukóvich y los oligarcas que los rodean- es que, según ciertos rumores, sus nombres aparecen en listas negras elaboradas en Washington. En otras palabras, corren el riesgo de no poder entrar a Estados Unidos y de que se congelen las cuentas que guardan en bancos estadunidenses. Motivos judiciales no faltan para perseguirlos" (Proceso, No. 1466, 4 de diciembre de 2004).

De modo que, alejadas las ilusiones de una presión popular exitosa, los votantes por Andrés Manuel López Obrador que exigen respeto a sus sufragios deben contar sólo consigo mismos, pues el factor internacional que favoreció a la revolución naranja en Ucrania juega en el caso mexicano un papel adverso a la coalición Por el Bien de Todos.

Los logros de esa corriente social y política obedecerán a sus propias capacidades para caracterizar de modo adecuado el momento y el entorno en que actúa y para fijar metas y fijar tácticas y estrategias para llegar a ellas.

Se ha programado ya, por ejemplo, realizar a partir del 16 de septiembre una magna Convención Nacional Democrática, cuyo principal defecto es el apresuramiento de su convocatoria. Mientras que el gobierno de Fox, Felipe Calderón, el PAN y el IFE han incurrido en un triunfalismo que acentúa la división social, López Obrador y sus seguidores más asiduos han caído en ese juego protagonizando el extremo contrario, el que da por hecha la derrota.

Se supone que la sagacidad de percibir que la trampa está montada es condición para combatir sus efectos. No es que estemos ante una profecía que se cumple a sí misma (pues las maniobras electorales para torcer la voluntad ciudadana tienen una existencia objetiva) pero el derrotismo es un estado de ánimo que, aunque se combine con el vigoroso entusiasmo por la lucha civil, reconoce a los adversarios una superioridad de que carecen.

Antes que formular planes para septiembre insisto en la necesidad de vivir agosto, es decir de atender los afanes de cada día, especialmente los que tienen que ver con la actividad del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Podría ser, en mala hora, que se confirmen los negros augurios de quienes ven ya corruptos o sometidos a los magistrados de la sala superior. Pero son confiables hasta que se demuestre lo contrario. Siéndolo, es de esperarse que atiendan la evidencia que brotó del recuento de votos ordenado por el propio órgano judicial.

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Fuera de la perspectiva partidaria Hugo Almada, un diligente activista civil desde hace más de una década, examinó los resultados del conteo en 11 mil 654 casillas (unas 200 menos del total señalado por el Tribunal) y halló lo que sigue: "En muchos casos los votos que están en los paquetes no coinciden con las actas. Y la alteración es sistemática, se prueba claramente y no puede ser producto de 'errores humanos'.

Esto, en todo caso, podría remediarse, necesita remediarse mediante un conteo con impacto en todas las casillas, sea este censal, casilla por casilla, o muestral". Para Almada, "sí hubo fraude (la mala palabra)". O para decirlo de modo menos polémico, "sí muestra tendencia e introduce toda una nueva serie de cuestionamientos a la elección".

Sus credenciales avalan la responsabilidad con que suele pronunciarse: fue uno de los pioneros de la observación electoral y la medición civil de los resultados (participó de modo relevante en 1994 en Alianza Cívica, de cuya coordinación nacional es actualmente miembro). Es integrante del Comité Conciudadano de Seguimiento del Proceso Electoral. Es igualmente asesor técnico de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

El conteo mostró que muchos funcionarios de casilla se equivocaron. Decirlo no implica un agravio a todos los que participaron en esa función (como falazmente se ha querido afirmar) pues no se les cuestiona colectivamente. Almada encontró que esa equivocación se acentuó al contar los votos del PAN: Mientras que contaron bien los votos de la coalición y de la alianza (López Obrador y Madrazo) "en el 68.5 y el 67.7 por ciento de las casillas y se equivocaron en el 31.5 y el 32.3 por ciento, en los votos del PAN contaron bien sólo en el 57 por ciento y se equivocaron en el 43 por ciento...".

El resultado de tales errores es que Acción Nacional tenía votos de más en el 27.5 por ciento de las casillas, lo cual sería posible por una intención que Almada localiza en los escrutadores, designados al margen de los procedimientos formales por razones que el IFE debe explicar. Por ejemplo, el 25 por ciento de ciudadanos que aceptaron ser funcionarios no lo fueron porque ni siquiera se les llamó a capacitación.

La percepción manipulada.


La percepción manipulada.
Por Federico Campbell

La democracia, por muy vacilante que sea, democratiza la memoria de cada individuo. La hace valiente,incluso arriesgada. La hace decirse.En la posibilidad de hablar y, sobre todo, de aprender a pensar, se funda la esencia de la democracia.
Emilio Lledó.

Entre nosotros y el mundo se coloca la lente mediática que no deja de trastornarnos la percepción de las cosas, la lectura de la realidad cotidiana, la comprensión de la película que se nos va pasando todos los días.El propósito de toda operación de propaganda —militar o política, comercial o religiosa— es incidir en nuestra percepción y en la representación o la idea que nos vamos haciendo del mundo.

Desde los años 30, cuando los aparatos de radio en cada uno de los hogares alemanes se volvieron vehículos masivos de la propaganda del Tercer Reich, la intrusión de un medio de comunicación vino a alterar lo que hasta ese momento de la historia había sido la convivencia civil y política.

La plaza pública dejaba de ser el único espacio en el que los candidatos entraban en contacto con sus partidarios. Se añadía a partir de entonces una amplificación: la que hizo posible —sin cables– el invento de Marconi. A partir de entonces los modos de hacer política ya no fueron los mismos.

El votante ya no compite únicamente con el adversario sino contra la estructura audiovisual que, sutil o descaradamente, apoya a ese adversario.Los ciudadanos de la segunda mitad del siglo XX más o menos se hicieron a la idea de que así iban a ser las cosas y trataron de adaptarse al medio. Se temió, se juzgó, se ponderó el papel de la televisión.

¿Realmente este instrumento masivo podía ganar unas elecciones si se decantaba por uno de los candidatos? Se suponía que no necesariamente. Era más probable que triunfara la manipulación en sociedades de escasa sociedad civil, poco politizadas, poco conscientes y poco consumidoras de la prensa escrita.

En otras sociedades, en las que había por ejemplo un movimiento político, las posibilidades de que se impusiera la televisión no eran muchas. Sin embargo, algo hay en el ambiente mexicano que nos indica un cambio. Se siente que el papel de la televisión en la política electoral no es igual al que llegó a tener hace quince o veinte años, que ahora la tele es más protagónica y determinante que nunca.

Y esto no tiene nada que ver con los adelantos tecnológicos —con la globalización de los sistemas de comunicación por medio de satélites— sino con el uso político, selectivo, intencional, de la información.Nunca como ahora se sintió —al menos desde la subjetividad de este televidente— que la tele inclinaría la balanza hacia uno de los dos lados.

Tan es así que ya ni siquiera es necesario mencionar a las empresas por sus nombres ni a sus locutores por sus apellidos. Todo mundo sabe de quiénes se está hablando.Lo que importa de la propaganda televisiva es la repetición, su efecto de conjunto. Sus operadores tienen que hacer el mayor ruido posible y el mayor número de veces para acallar los puntos de vista discordantes.

No importa lo que diga éste o aquel escritor en un periódico o en una revista. Gana el que tiene más volumen en su sonido.

Si nos ha quedado el mal sabor de boca de que la televisión fue la que realmente ganó las pasadas elecciones (y no sólo por lo que le entró en caja) es porque una sociedad electronizada es mucho más gobernable y manipulable que una sociedad alfabetizada. ¿De cien votantes en una fila en una casilla cuántos leen periódicos o revistas? ¿Cinco, seis? La masa razona menos si no lee. Por ello la propaganda es más eficaz a través de los medios electrónicos, promotores de una suerte de analfabetismo regresivo que aleja al público de la cultura gráfica.

La radio, la televisión, el cine, el video, difunden una cultura oral y visual que promueve en la población el alejamiento de la palabra escrita, impresa, los libros, las cartas, los diarios íntimos o literarios.A medida que avanza la ciencia y se afina la tecnología en las telecomunicaciones, más habrá de suceder que la técnica se ponga en contra de la democracia electoral.

Porque, como dice un académico de Nueva York, en nuestro tiempo gana el que mejor hace el fraude. Ya lo ha hecho George Bush en dos ocasiones en un país donde tradicionalmente el voto era sagrado, justamente en el país que tanto suscitó la admiración de Alexis de Tocqueville (1805-1859) y le impulsó a escribir La democracia en América.

Si en el país de la decencia y las libertades, como dicen los estadounidenses que es el suyo, se violenta ya la manifestación de la voluntad popular a través de las elecciones y de la propaganda mejor pagada, ¿qué habrá de suceder en el resto del mundo? Si en Estados Unidos el fraude se da por hecho y si se le dejó gobernar a John F. Kennedy habiendo hecho fraude en Chicago en contra de Nixon, y si se ha consentido que Bush el texano gobierne sin ningún rubor, entonces no es descartable que en lo que sobra del mundo se tenga respecto a las elecciones una laxitud que permita decir, como el profesor de Nueva York, que ha de gobernar el que mejor defraude. Es ése el sentido común que predomina en los círculos políticos de Washington.

Entre el dolor y la esperanza


Entre el dolor y la esperanza
Por Adelfo Regino Montes*

Oaxaca, nuestro estado libre y soberano, tal como fue definido por el movimiento de la Independencia en el año de 1823, como en algunos otros momentos de su historia, está al borde de una guerra civil. Esta dolorosa situación es producto de las agresiones e injusticias a que hemos sido sometidos diversos sectores de la sociedad oaxaqueña, en particular los pueblos indígenas, por un régimen político y económico que ha privilegiado sus propios intereses, muy por encima de los reclamos y las aspiraciones comunes de las mayorías.

No debería ser así. Ningún pueblo, ninguna sociedad, busca por deseo espontáneo el levantamiento o la confrontación con las autoridades establecidas. Pero la indignación y el hartazgo contra las sistemáticas injusticias de las autoridades permiten, incluso justifican, la necesidad de una rebeldía, civil y pacífica, como ahora lo estamos viendo y viviendo en Oaxaca.

Antes del recordado 14 de junio, fecha en que la policía del gobierno estatal intentó desalojar a los maestros del zócalo capitalino, las calles del Centro Histórico eran permeadas por las demandas magisteriales, en particular el tema de la rezonificación, como parte de la rutina anual del magisterio democrático oaxaqueño. Con el intento de desalojo, el gobierno estatal mostró su verdadero rostro de violencia, tal como impunemente lo han venido haciendo en nuestros pueblos indígenas para tratar de acallar las demandas de autonomía y justicia.

Ante este hecho atroz, los habitantes de la ciudad y del campo salieron de sus casas para decir no a la violencia. La violencia oficial e impune fue la gota que derramó el vaso en un contexto de agravios acumulados. Fue la violencia el talón de Aquiles de un gobierno que se dedicó a promover el encono y la confrontación entre hermanos y pueblos. Así fue como ellos mismos crearon el escenario de ingobernabilidad que ahora parece ahogarnos a todos.

Desde entonces en Oaxaca hay la suficiente claridad para decir que ninguna persona puede usar la violencia, sea verbal o física, como método de gobierno. Y quien quiera usarla se descalifica a sí mismo como gobernante. Y este es quizá el argumento más contundente para que el gobernante oaxaqueño que haya recurrido a la violencia renuncie al poder que ya no tiene, o en su caso intervengan las autoridades federales, en particular el Senado de la República, para que declare la desaparición de los poderes estatales y nombre un gobierno provisional. Lo anterior no como una condición, sino en ejercicio de un derecho ciudadano y en atención a las responsabilidades que la Constitución señala.

Sin embargo, los oaxaqueños no debemos quedarnos sólo con la destitución del gobernante en mención. Como atinadamente lo ha propuesto un numeroso colectivo de autoridades indígenas y representantes de organizaciones de la sociedad civil que participan en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, hace falta un nuevo pacto social, que refleje las demandas y las aspiraciones de los diversos sectores y pueblos de Oaxaca y reconstruya el tejido social que hasta ahora ha sido dañado por el régimen político y jurídico imperante.
Fundados en este nuevo pacto social, debería revisarse la ya muy gastada y rebasada normatividad jurídica oaxaqueña, para dar paso a una nueva Constitución y a nuevas leyes que rijan la vida colectiva, en un marco de respeto a la pluralidad y a la diversidad que caracteriza nuestra entidad. En este contexto habría que instituir una nueva forma de gobierno, tal como lo establece el artículo 27 de la actual Constitución del estado, y sobre todo revisar la relación con la Federación, tomando en cuenta que muchos de los cambios que se demandan requieren de transformaciones en el ámbito nacional.
Frente a la intransigencia y la represión que peligrosamente se han desatado en Oaxaca, el método para hacer posible este nuevo pacto social es el diálogo. No hace falta más derramamiento de sangre, ni más confrontación con el otro, para entender que se necesita una verdadera voluntad política de diálogo que vaya más allá de la demagogia. Este diálogo, a fin de que no esté sujeto a los vaivenes de las partes, necesita ser regulado por unas normas mínimas, que determinen las bases, la agenda, la metodología y los procedimientos necesarios para atender de manera justa y digna las demandas y aspiraciones de los oaxaqueños. Particular atención habrá que prestar a los mecanismos de seguimiento y exigibilidad de los acuerdos pactados, a fin de que no queden, como ha sucedido en otros casos, en el incumplimiento por alguna de las partes.

Paradójicamente, pese al momento difícil en el que estamos ahora, en Oaxaca se pueden estar poniendo los primeros cimientos hacia la construcción de un nuevo país. México vive momentos cruciales en que no bastan los cambios superficiales, sino que se requieren transformaciones sustantivas que trasciendan las cuestiones coyunturales y atiendan de manera profunda las justas exigencias de democracia, libertad y justicia que estamos planteando diversos sectores y pueblos. En esta lucha, todos estamos llamados a aportar nuestro grano de arena, y los oaxaqueños tenemos la esperanza de que las semillas que ahora estamos sembrando sirvan para que el día de mañana México tenga un nuevo amanecer.

* Abogado mixe especialista en derecho indígena, integrante de Servicios del Pueblo Mixe